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17-04-2026

¿Desarrollo sin derechos? El estancamiento de China en el Índice de Transformación Bertelsmann

Todas las ediciones del BTI concluyeron que China se puede categorizar como autocracia de línea dura, con una limitada economía de mercado y niveles moderados en la calidad de gobernanza. Además, se documentan 7157 casos de personas encarceladas por expresar su oposición al gobierno, practicar una religión no autorizada por el régimen, pertenecer a una minoría étnica o “peticionar” contra expropiaciones, casos de corrupción o injusticias. A estos se suman casi 2000 prisioneros políticos en Hong Kong desde las manifestaciones masivas de 2019.
Por Dorothea Krueger
Gráfico 1

En una transformación económica sin precedentes, China —desde el inicio de las políticas de reforma y apertura en 1978— pasó de una sociedad mayoritariamente rural y empobrecida a convertirse en una sociedad y economía modernas. Muchos observadores entonces creían que este desarrollo económico daría lugar a la liberalización del sistema político, en la medida en que la nueva clase media china exigiera mayores niveles de participación y de rendición de cuentas políticas. Sin embargo, estas expectativas quedaron frustradas: China sigue gobernada por un régimen de partido único, el Partido Comunista de China (PCCh), en el que este mantiene la primacía sobre el Estado. Las esperanzas de una apertura política parecen aún más lejos de la realidad bajo el gobierno de Xi Jinping, quien en muchos sentidos ha retornado a un modelo de gobierno personalista, concentrando una mayor parte del poder en su persona.

Sin embargo, China no solo no se democratizó, sino que su modelo económico también cumple solo parcialmente con los estándares de una economía de mercado. Lo demuestra el Índice de Transformación de la Fundación Bertelsmann (BTI), que acaba de publicar su undécima edición, abarcando más de dos décadas de análisis. Este índice permite comparar los resultados de China a lo largo de este período bajo la lupa de la democracia y la economía social de mercado.

Desde 2006, el BTI analiza cada dos años 137 países en vías de desarrollo según sus transformaciones hacia la democracia liberal y la economía social de mercado. Para ello, se evalúa un total de 57 indicadores con puntuaciones de 1 (peor) a 10 (mejor) que se agrupan y promedian en criterios que, a su vez, conforman tres dimensiones de análisis: la transformación política (estado de la democracia), la transformación económica (estado de la economía) y el índice de gobernanza. Mientras que las dos primeras dimensiones califican el marco legal y las realidades política y económica de cada país para evaluar su nivel de desarrollo en estos ámbitos, el índice de gobernanza analiza la medida en la cual las reformas necesarias son llevadas a cabo según los principios de la buena gobernanza.

El desempeño de China en el BTI 2006-2026 evidencia que los procesos de transformación que el índice busca evaluar casi no tuvieron lugar en el gigante asiático (ver Gráfico 1). Tanto la transformación política (+0,13), como la transformación económica (+0,35) y el índice de gobernanza (+0,14) solo demuestran incrementos marginales a lo largo del análisis. En este sentido, todas las ediciones del BTI concluyeron que China se puede categorizar como autocracia de línea dura, con una limitada economía de mercado y niveles moderados en la calidad de gobernanza. A continuación, se analizarán estos resultados que abarcan un período de evaluación total del BTI del 1 de febrero de 2003 hasta el 31 de enero de 2025.

La transformación política

La transformación política hacia una democracia liberal no es un objetivo del gobierno chino dirigido por el Partido Comunista de China (PCCh). La última oportunidad real para una apertura política se dio con las manifestaciones estudiantiles en 1989, pero encontró su punto final en la represión brutal de las mismas, desembocando en la masacre de la Plaza de Tiananmén. En cambio, disidentes políticos que reclaman la democratización son encarcelados sistemáticamente y, bajo Xi Jinping, esta represión solo se ha reforzado. Un ejemplo de las magnitudes de esta represión lo representan los presos políticos en China. Según la información recopilada por la Fundación Dui Hua, se documentan 7157 casos de personas encarceladas por expresar su oposición al gobierno, practicar una religión no autorizada por el régimen, pertenecer a una minoría étnica o “peticionar” contra expropiaciones, casos de corrupción o injusticias. A estos se suman casi 2000 prisioneros políticos en Hong Kong desde las manifestaciones masivas de 2019, según el Hong Kong Democracy Council.

La falta de democracia explica entonces las bajas puntuaciones que recibe China en la dimensión política del análisis del BTI. A nivel global —esto es, entre los 137 países analizados por el BTI—, China se mantuvo entre los 30 países peor puntuados en la dimensión política desde el BTI 2006, con una puntuación cercana a 3 puntos (ver Gráfico 1). Al echar un vistazo más detallado a los criterios que comprenden la dimensión política del BTI (ver Gráfico 2), se vislumbra, además, que los resultados de China en la transformación política han sido continuamente elevados gracias al criterio “Estatalidad”: un criterio que evalúa la existencia y el funcionamiento básico del Estado-nación. Es decir, la puntuación recibida por China en los criterios de la calidad democrática (participación política, Estado de derecho, institucionalidad e integración política y social) promedia por debajo de 2 puntos en la mayoría de las ediciones del BTI.

Gráfico 2: El desempeño de China en la dimensión política del Bertelsmann Transformation Index 2006-2026

Gráfico 2: El desempeño de China en la dimensión política del Bertelsmann Transformation Index 2006-2026

Elaboración propia en base a los datos disponibles en www.bti-project.org.

Deteniéndose en estos criterios (ver Gráfico 2), se destaca primeramente el criterio “Integración política y social” por ser el único que demuestra una clara tendencia ascendente. Este incremento se debe a las puntuaciones en el indicador “Capital social”, que subieron de 3 a 5 puntos, reconociendo los niveles de confianza interpersonal y organización social en la sociedad china. Por otro lado, retrocesos en la calificación de los indicadores “Elecciones libres y justas” y “Libertad de expresión” —ambos reciben la puntuación mínima en las últimas tres ediciones del BTI— explican la tendencia negativa en “Participación política”. Finalmente, las fluctuaciones de “Estado de derecho” reflejan dos tendencias contrapuestas en este criterio. Primero, mejoraron las puntuaciones en el indicador “Persecución del abuso de poder”, lo que se atribuye a la campaña anticorrupción llevada a cabo por Xi Jinping. A la vez, el BTI disminuyó su calificación de la garantía de los derechos civiles en China: el respectivo indicador bajó dos puntos desde el BTI 2006, llegando a la puntuación mínima (1 punto) a partir del BTI 2024.

Sin embargo, la campaña anticorrupción de Xi Jinping fue de la mano con sus maniobras para concentrar el poder en funcionarios leales a él, por lo cual el aporte para la transformación política puede considerarse limitado. Más bien, refleja el compromiso con mayores niveles de control central sobre la burocracia estatal. Esta concentración de poder se cimentó además en el XX Congreso Nacional del Partido Comunista de China en 2022, cuando los funcionarios de otras facciones fueron reemplazados en el Comité Permanente del Politburó, que dejó a Xi el control total del PCCh. La consiguiente falta de pesos y contrapesos y pluralismo en el sistema político chino, por último, queda evidente en los demás indicadores y criterios que repetidamente reciben la peor puntuación en el BTI: “separación de poderes”, “estabilidad de instituciones democráticas” y “sistema de partidos políticos”.

En este sentido, la herramienta de la transformación política del BTI resulta tanto inútil como reveladora para el caso chino. Por un lado, la apertura política que el índice busca no es observable. Por el otro, sin embargo, el estancamiento de puntuaciones bajas evidencia que la transformación democrática no constituye un objetivo del gobierno chino. Al contrario, la promoción de la democracia constitucional, al igual que la universalidad de los derechos humanos y “la idea occidental del periodismo” son tres de las siete posiciones prohibidas de defender por parte de los miembros del partido, según un comunicado interno del PCCh de 2013, el llamado “Documento 9”.

La transformación económica

La promoción del neoliberalismo figura entre las posiciones advertidas en el “Documento 9”, el cual rechaza los modelos económicos basados meramente en las fuerzas del mercado y en las empresas privadas. Una evaluación del sistema económico chino bajo estas premisas parece, por tanto, nuevamente poco prometedora. Efectivamente, mientras la segunda economía mundial recibe puntuaciones relativamente altas (7-10) en criterios que reconocen su estabilidad y rendimiento macroeconómicos, el BTI asigna a China puntuaciones medias (5-6) en los indicadores estructurales y regulatorios sobre la organización del mercado y la propiedad privada. Esto refleja la relación ambigua del gobierno chino con la economía de mercado, cuya política económica muestra características neomercantilistas. Por un lado, destaca su potencia económica orientada al comercio internacional y su liderazgo global en sectores clave como la innovación tecnológica. Por el otro, el PCCh y las empresas estatales mantienen el control sobre las actividades y las reglas económicas, especialmente en los sectores considerados estratégicos, restringiendo la libertad de acción de los actores del mercado.

Sin embargo, la libertad de acción y de elección para la mayor parte de la población es uno de los aspectos que el BTI considera clave para el desarrollo económico. El índice parte de la convicción de que el desarrollo implica también la erradicación de la pobreza, por lo cual incluye en su análisis aspectos de justicia e inclusión sociales. Destaca aquí que, a pesar de los avanzados niveles de rendimiento económico, el BTI evalúa repetidamente el “Nivel de desarrollo socioeconómico” en China con 5 puntos desde el BTI 2006. Los informes nacionales del BTI fundamentan esta puntuación en las desigualdades persistentes en la sociedad, ya sea con respecto a la riqueza, los ingresos, el nivel educativo o debido a la discriminación por género, edad, orientación sexual, etnia, religión o procedencia. Las limitaciones del régimen de bienestar en China (el respectivo criterio del BTI recibe una puntuación de 5,5 desde 2016) están estrechamente relacionadas con estas barreras socioeconómicas, creando un sistema donde las oportunidades se distribuyen de manera desigual.

Entonces, el BTI califica a China como una economía de mercado “limitada” en todas sus ediciones, aunque sus puntuaciones ubican al gigante asiático por encima del promedio global de los países analizados. De las tres dimensiones del BTI, la economía es donde China mejor se desempeña, habiendo demostrado una tendencia ascendente hasta el BTI 2020 (ver Gráfico 1). Sin embargo, esta tendencia se invirtió casi por completo hasta el BTI 2026, cuando China registró su segunda puntuación más baja de la serie histórica: 6,14. Factores explicativos de esta reversión se encuentran en los efectos económicos de la pandemia de COVID-19, las tensiones internacionales y la guerra comercial con Estados Unidos, la crisis del sector inmobiliario, el aumento de la deuda y el gasto público, las tendencias deflacionarias y los bajos niveles de consumo doméstico. Queda por verse cómo el gobierno chino responde a las dificultades coyunturales y estructurales para mantener su legitimidad, derivada de la promesa de prosperidad.

Índice de gobernanza

La capacidad del gobierno chino para dirigir las reformas necesarias se califica en el BTI como “moderada”, reflejada en puntuaciones que oscilan alrededor de 5 puntos desde el BTI 2006. En esta dimensión analítica se incluyen las capacidades del gobierno para dirigir efectivamente, usar los recursos disponibles de manera eficiente, crear consensos en el gobierno y la sociedad, y cooperar internacionalmente. Mientras los criterios “Capacidad de dirección” y “Cooperación internacional” son las áreas de gobernanza mejor calificadas de China, con puntuaciones mayores a 6, su punto débil, el criterio “Creación de consensos” (con puntuaciones entre 3,8 y 4,4), refleja nuevamente la falta de procesos democráticos y que la democracia no es un objetivo del gobierno. En cuanto al uso eficiente de los recursos, la gobernanza autoritaria china no es superior a la gobernanza democrática. En comparación con todas las democracias analizadas por el BTI, China iguala el promedio de las democracias, situándose para 2026 en el puesto 57 del ranking, detrás de Argentina.

Además, la evaluación del criterio “Creación de consensos” experimentó un descenso desde el BTI 2008, cuando había alcanzado su máximo de 4,8 puntos. Para el BTI 2026, sin embargo, volvió a niveles del BTI 2006, con un promedio de 3,8 puntos. Esta tendencia refleja deterioros en los indicadores “Consenso sobre los objetivos”, “Actores antidemocráticos” y “Gestión de conflictos”. En cambio, los indicadores “Consulta pública” y “Reconciliación” se mantuvieron sin cambios desde el BTI 2006, con puntuaciones de 3 y 4 respectivamente. Junto con “Actores antidemocráticos”, que bajó a la puntuación mínima de 1 punto reflejando el carácter antidemocrático del propio gobierno, estos dos indicadores demuestran que no existen tendencias en China hacia mayores niveles de participación e inclusión de la sociedad civil en la gobernanza.

Con puntuaciones relativamente altas destaca, en esta misma área, el indicador “Consenso sobre objetivos”, que recibió entre 6 y 7 puntos a lo largo del análisis. No obstante, este resultado debe leerse como expresión de que las élites políticas chinas están de acuerdo en que la democracia no es un objetivo estratégico a largo plazo. Destaca aquí además la reciente baja de puntuación en el BTI 2026, que alude a las señales contradictorias sobre el compromiso del gobierno chino con la economía de mercado y la consolidada política de control sobre la competencia económica bajo Xi Jinping.

Las áreas de gobernanza tradicionalmente mejor puntuadas son la “Capacidad de dirección” y la “Cooperación internacional”, oscilando entre 6,3 y 7,7 a lo largo del análisis. Generalmente, la priorización e implementación de políticas mediante los planes quinquenales funcionan, con algunas ineficiencias que resultan, en parte, de mayores niveles de presión y control del gobierno nacional sobre las autoridades locales. La subida momentánea del índice de gobernanza en el BTI 2022 (ver Gráfico 1) se puede atribuir en este sentido a los aprendizajes institucionales adquiridos durante la pandemia de COVID-19, especialmente en los ámbitos de e-gobierno, gestión de crisis, organización y propaganda, y la adaptación de prioridades al principio de la pandemia.

Sin embargo, salvo por la subida aislada en el BTI 2022, el desempeño de China en el índice de gobernanza muestra una tendencia decreciente desde el BTI 2014, una regresión que parece particularmente impulsada por resultados cada vez peores en el criterio “Cooperación internacional”. La cooperación regional se vio gravada durante este tiempo por las crecientes tensiones en el Mar Meridional de China, así como el armamento y la modernización del Ejército Popular de Liberación, que pusieron en duda las intenciones pacíficas de China. Generalmente, China perdió credibilidad en el sistema internacional, a pesar de que Xi Jinping pretenda elevar el estatus y la reputación globales de China, sobre todo con el Sur Global. Esto se explica por la acumulación de aspectos como la falta de transparencia durante la pandemia, la represión de la autonomía de Hong Kong y del pueblo uigur en Xinjiang, el uso de tácticas de la diplomacia del lobo guerrero, las amenazas contra Taiwán y la persistente alianza con Rusia.

Conclusión

El papel de China como actor global no puede ignorarse. Es probable que la potencia asiática llene algunos de los vacíos dejados por el retiro parcial de Estados Unidos de los espacios multilaterales, impulsada por sus ambiciones de asumir un protagonismo creciente en la política y la economía internacionales. Sin embargo, para gestionar el trato con Beijing resulta imprescindible comprender la naturaleza de sus objetivos, los cuales chocan frontalmente con los principios del orden liberal. El análisis del BTI de 2006 a 2026 demuestra que el desarrollo sin precedentes de China no fue de la mano con una democratización ni con la garantía de libertades fundamentales para su población. Al contrario, bajo Xi Jinping se afianzó el autoritarismo, caracterizado por la concentración de poder y una brutal represión de cualquier disenso o identidad cultural distinta, como demuestran las acusaciones de crímenes contra los tibetanos y los uigures.

Dorothea Krueger
Dorothea Krueger
Coordinadora de Proyectos
Tiene un Bachelor of Arts en International Cultural and Business Studies de la Universidad de Passau (Alemania), es licenciada en Gerenciamiento Económico Intercultural (USAL) y posee un Master of Arts en Relaciones Internacionales y Diplomacia de la Universidad de Tréveris (Alemania). En 2020 llevó a cabo una pasantía en CADAL y luego colaboró como estudiante voluntaria en asistencia de investigación. Desde 2024 es Asistente de Proyectos de CADAL.
 
 
 

 
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