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03-07-2024

Cómo «Milada» me hizo pensar en Cuba

No dejé de pensar ni un solo minuto de la película en Alina Bárbara Hernández, una mujer cubana que es perseguida, silenciada y maltratada físicamente por exponer sus ideas y proponer cambios para el bienestar de todos los cubanos.
Por Ricardo Figueredo Oliva

El pasado jueves 27 de junio se cumplieron 74 años de la ejecución de la abogada y parlamentaria checa Milada Horáková (1901-1950) y asistí a la convocatoria organizada por CADAL y la Embajada de la República Checa en Buenos Aires de la proyección de la película MILADA (2017). La película cuenta la historia de Milada Horáková víctima de los procesos políticos de nazis y comunistas en la entonces Checoslovaquia. Fue la única mujer ejecutada durante estos procesos y gracias a su firmeza y lucha por sus ideales se convirtió en el símbolo de la resistencia contra el régimen comunista.

La película es un documento histórico bien preparado y apegado a las luchas por la mujer por hacer valer sus opiniones. La trama deja en claro en más de una ocasión cómo esta mujer no tenía reparos en expresar sus ideas delante de políticos oportunistas, cobardes que se cruzaron de brazos ante la estampida fascista y posteriormente la del comunismo soviético de la cual ella vivió las más duras experiencias. La película no se regodea en los detalles de lo que pudo haber sido vivir en un campo de concentración nazi, tan solo nos pone en evidencia con unos muy bien seleccionados actos el desprecio y la humillación con que fueron tratados todos los seres humanos que tuvieron el infortunio de vivir esa pesadilla. Los guionistas, Robert J. Conant y Robert Gant, a partir de un libro escrito por el propio director David Mrnka, dan los suficientes y sutiles detalles que evidencian las similitudes entre los derrotados fascistas y los comunistas en la lucha por un nuevo orden mundial. Cómo en nombre del pueblo y de las víctimas del holocausto, los comunistas montaron un discurso de odio hacia los pensamientos diferentes y decidieron aplastar a través de las más terribles torturas, humillaciones, chantajes y privaciones de los derechos que ni los mismos fascistas habían puesto en marcha.

“Los comunistas son los nuevos nazis”; esa escena perturbadora anunciaba el horror que venía en camino, que superaba lo vivido en un campo de concentración de las hordas nazis y llevaría a Milada a su ejecución a pesar de la clemencia solicitada por grandes personajes de la época, como Albert Einstein, Eleanor Roosvelt, Winston Churchill y Jean-Paul Sartre.

Yo no dejaba de pensar Cuba y su terrible destino ligado a las ideas del comunismo fascistoide de hace ya más de medio siglo, que mantiene presos, perseguidos y despojados de derechos a miles de cubanos. No dejé de pensar ni un solo minuto de la película en Alina Bárbara Hernández, una mujer cubana que es perseguida, silenciada y maltratada físicamente por exponer sus ideas y proponer cambios para el bienestar de todos los cubanos. Y cómo los represores del gobierno montados en el mismo discurso de igualdad y soberanía despliegan una maquinaria represiva y abusiva que están dispuestos a utilizar hasta las últimas consecuencias.

A través de esta película conocí la vida de esta maravillosa mujer y fue una revelación. Es de las tantas películas que el gobierno de Cuba se esfuerza en no mencionar. Me recordó películas como Katyń de Andrzej Wajda, que fue nominada al Óscar a la mejor película de habla no inglesa en la convocatoria de 2007 y ​recrea uno de los episodios más oscuros de la historia de Polonia: el asesinato de miles de oficiales polacos a manos de la policía secreta rusa en 1940; o la ganadora del Oscar dirigida por Daniel Roher, que cuenta los sucesos más recientes de la masacre comunista que fue el documental, Alexei Navalny, el líder de la oposición rusa y activista anticorrupción. Todas estas películas me retumbaban en la cabeza a la salida de la sala del Centro Cultural San Martín en Buenos Aires donde un público lloroso y solidario sentía compasión por esa extraordinaria mujer que fue interpretada magistralmente por la actriz israelí Ayelet Zurer, que había intervenido en conocidas producciones de Hollywood como Múnich, Ángeles y demonios. Zurer dijo en una entrevista que el papel más difícil de su carrera había sido el de la activista checa. Debió investigar la persona y la época, situarse en una realidad absolutamente distinta, entender cómo veía ella el mundo y cómo se relacionaba con los demás.

La música magistralmente sutil de Ales Brezina que se empasta con la bien lograda fotografía de Martin Strba, quien nos regala un emocionante plano final del alma de Horáková. Hay que mencionar el tremendo elenco compuesto por Ayelet Zurer, Robert Gant, Daniel Rchichev, Karina Rchichev, Tatjana Medvecká, Vica Kerekes, Igor Orozovic, Jaromír Dulava, Alena Mihulová, Vladimír Javorský, Marian Mitas, Anna Geislerová. Todos dirigidos por David Mrnka que hizo un excelente trabajo, con mucha sensibilidad y soluciones muy inteligentes en cuanto al tratamiento de la violencia y a las relaciones personales de los personajes.

Es de esas películas que te dejan pensando durante días y que quisiera que mucha gente viera.

Ricardo Figueredo Oliva
Ricardo Figueredo Oliva
Cineasta cubano, graduado de la escuela Internacional de Cine y televisión de San Antonio de los Baños, ha desarrollado proyectos con la industria cinematográfica cubana y de manera independiente como colaborador del Diálogo Latino Cubano en www.cadal.org
 
 
 

 
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