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Monitoreo de la gobernabilidad democrática

09-10-2026

Bulgaria: entre la modernización económica y el retroceso democrático

Bulgaria se presenta como un caso paradigmático en el Este de Europa, uno más entre los países que logran resultados satisfactorios en términos macroeconómicos y que cumplen con los estándares propuestos por la UE, pero que no logran traducir la estabilidad económica en estabilidad política, confianza y satisfacción ciudadana.
Por Lucía Lago Krummer
Bulgaria en el BTI 2066-2026

En mayo pasado, la cantante búlgara Dara logró para su país la primera victoria en la historia del certamen de la canción de Eurovisión, un triunfo cultural único para un país que busca desde hace varias décadas insertarse de forma permanente en el imaginario cultural de Europa. Miembro de la Unión Europea desde 2007, en enero de este año se convirtió en el país número 21 en ingresar a la Eurozona. Aunque estos acontecimientos recientes parecen dirigir a Bulgaria hacia un proceso de modernización e integración plena en la comunidad europea, lo cierto es que su transformación política atraviesa una inestabilidad persistente y se caracteriza por una marcada fragmentación partidaria y una decreciente confianza en las instituciones públicas.

En procesos electorales recientes, la desafección política y las alianzas circunstanciales dieron como resultado coaliciones frágiles que no lograron construir mayorías parlamentarias estables. Las libertades civiles experimentaron retrocesos importantes en el último tiempo: se introdujeron leyes restrictivas y especialmente nocivas para las personas pertenecientes a la Comunidad LGBTQ+ en un contexto de implementación ineficiente de reformas judiciales. Asimismo, Bulgaria cuenta con enormes desafíos sociales a futuro: integrar plenamente y facilitar el acceso a derechos a la minoría turca, reducir el elevado nivel de violencia política y avanzar hacia una mayor transparencia en relación al financiamiento de las campañas electorales en el país más pobre de la Unión Europea, en términos de PBI per cápita. 

Para obtener una cabal comprensión de las dimensiones política, económica y de gobernanza que caracterizaron a la política búlgara en las últimas dos décadas, es necesario echar un vistazo al Bertelsmann Transformation Index (BTI). El BTI es un índice elaborado desde 2006 por la Fundación Bertelsmann con el objetivo de evaluar a 137 países en desarrollo utilizando tres dimensiones y puntajes del 1 (peor) al 10 (mejor): la gobernanza, la transformación política y la transformación económica. Este estudio es posible gracias a la colaboración de alrededor de 300 investigadores expertos en política doméstica o regional, con una destacada trayectoria en universidades y think tanks.

En la última edición de este índice los resultados obtenidos por Bulgaria en las tres dimensiones arrojan conclusiones ambiguas: aunque en los apartados de transformación económica, política y gobernanza los resultados son satisfactorios -el índice otorga a Bulgaria una calificación de 7,5 en transformación económica, un 6,9 en transformación política y un 5,72 en gobernanza-, el índice insiste en caracterizar a Bulgaria como una democracia defectuosa. Si se comparan los resultados con un país limítrofe como Rumania, que se incorporó a la UE junto a su vecino en 2007, se observa que el caso búlgaro parece ser un ejemplo más en la larga lista de Estados del este, centro y sureste de Europa que no logran traducir una apertura y modernización económica exitosas en una consolidación de la transición democrática. Bulgaria y Rumania muestran signos de solidez económica -se ubican en los puestos 17 y 18 en transformación económica en la edición 2026 del índice- pero enfrentan problemas endémicos como corrupción y debilidad institucional.

Democratización incompleta y sus efectos sobre la atomización y polarización en Bulgaria 

Desde su primera edición en 2006, el BTI identifica ciertos fenómenos con presencia constante en la política electoral del país balcánico: aunque se celebran elecciones libres y plurales, también se observa una fuerte atomización electoral -en las elecciones de 2010 se presentaron 35 partidos-, un alto nivel de desafección política por parte de la ciudadanía -el índice de participación se encuentra estancado en menos del 40%, según el BTI- y una fuerte volatilidad electoral que desembocó en coaliciones débiles y recurrentes elecciones anticipadas en los últimos 20 años.

Si bien la hegemonía del partido Ciudadanos por el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB), al frente del ejecutivo durante casi 10 años entre 2009 y 2021, permitió cierta relativa estabilidad política, el punto de quiebre se produjo durante la pandemia de COVID-19. Tan solo en 2021 se celebraron tres elecciones generales; en abril, junio y noviembre. Este nivel de inestabilidad política se explica a partir de un descontento social que estalló en las calles búlgaras a mediados de 2020. En ese momento, Bulgaria era considerado como el país con los peores índices de corrupción en la UE según la ONG Transparencia Internacional. Los grandes escándalos de corrupción protagonizados por funcionarios gubernamentales, la ineficiencia de la administración pública y la creciente presencia de oligarcas y empresarios en las campañas electorales fueron algunos de los factores que motivaron a la sociedad búlgara a exigir una reforma profunda de la clase política.

Asimismo, la presencia y fuerte influencia de redes de poder informales y élites oligárquicas mermaron la confianza de la población hacia las instituciones estatales y los pilares del Estado de Derecho. La caída en el puntaje del indicador del BTI respecto al desempeño de las instituciones democráticas (8 en 2016, 7 en 2022 y 5 en 2026) permite entender la desconfianza del electorado y de las organizaciones de la sociedad civil hacia la calidad institucional.

A continuación, Bulgaria experimentaría años de marcada tensión electoral que combinaron un récord de abstención en 2024 y finalizaron con un récord de participación en 2026. Entre mediados de 2023 y principios de 2024, la inflación se disparó al 9,4% y las repetidas elecciones profundizaron el descontento social. A pesar de esto, la caída en la dimensión económica del BTI fue leve: de 7,24 en 2022 a 6,94 en 2026.

Para graficar mejor esta realidad, basta con mencionar que se han llevado a cabo 8 elecciones legislativas en los últimos 5 años. En promedio, ninguna coalición reciente superó el año de gestión, aún cuando los mandatos cuenten con un período estipulado de cuatro años. Gran parte de la inestabilidad se debe a la flexibilidad ideológica de las coaliciones que formaron gobiernos efímeros entre 2021 y 2026. Este período estuvo caracterizado por una fuerte volatilidad electoral y se puede graficar mejor a partir de la dimensión de gobernanza del BTI: de un puntaje de 6 puntos en 2018, la gobernanza cayó a 5,87 en 2022 y a 5,72 en 2026. Estos acontecimientos afectaron también al indicador que evalúa el sistema de partidos: de 7 puntos obtenidos luego de las elecciones de 2017, descendió a 6 en 2021 y a 5 en 2026.

Aunque la presencia de GERB se mantuvo como una constante unificadora en todas las coaliciones que se formaron a inicios de esta década, su hegemonía estaba fuertemente cuestionada por gran parte de la sociedad como resultado de los escándalos de corrupción. En la oposición, la atomización electoral dio como resultado coaliciones unidas por la necesidad estratégica más que por proyectos políticos comunes. Esta inestabilidad crónica bloqueó la aprobación de leyes clave para concretar el ingreso de Bulgaria en la Eurozona, que originalmente estaba estipulado para inicios de 2024. Asimismo, las altas tasas inflacionarias hicieron que el país tuviera que prorrogar la adopción del euro por dos años, logrando incorporar esta moneda recién en enero de 2026. 

En abril de este año volvieron a celebrarse elecciones generales. La atomización resultó menor que en las elecciones anteriores (se presentaron 24 partidos en 2026 y 35 en 2010), sólo 5 agrupaciones lograron superar el umbral necesario del 4% para ingresar al parlamento: Bulgaria Progresista (PB), GERB, Continuamos el cambio-Bulgaria Democrática (PP-DB), el Movimiento por los Derechos y las Libertades (DPS), y Renacimiento. 

Esta vez el ganador fue el PB, que puso un final provisorio a la hegemonía de GERB en el país. Con este triunfo electoral, Rumen Radev, Presidente entre 2017 y 2026, accedió al cargo de Primer Ministro en mayo pasado. Ex militar, Radev propone una relación ambigua con Europa y Rusia, se muestra favorable al diálogo entre Moscú y Kiev y se opone al envío de armamento a Ucrania. Este tipo de posiciones generaron cierta preocupación en la UE, consciente de la influencia histórica que la cultura rusa y la Iglesia Ortodoxa han ejercido en Bulgaria. En la prensa europea, los supuestos vínculos de Radev con el Kremlin encendieron las alarmas sobre el advenimiento de “un nuevo Viktor Orbán”, en referencia al ex Primer Ministro de Hungría, quien mantuvo una relación con Rusia contraria a las políticas del bloque continental. El flamante Primer Ministro búlgaro decidió acallar estos rumores afirmando que iba a trabajar por una Bulgaria fuerte en una Europa fuerte.

Los picos de abstención y participación masivas pueden explicarse a partir de la frustración que le produjo a gran parte del electorado la no concreción de coaliciones fuertes hacia 2024 y su contraparte expresada en la posibilidad real de cambio en 2026. Esto impacta de lleno en la dimensión de transformación política: aunque en Bulgaria se celebren elecciones libres, el desplome de la participación arroja dudas sobre la capacidad de gobernanza de las coaliciones. Dentro de la dimensión de Gobernanza, el Índice de Construcción de Consensos permite observar la evolución de la relación entre los principales actores de la política doméstica: de 6,6 en 2018 se redujo ligeramente a un 6,4 en 2022 y 2026. El impacto de la inestabilidad política también se refleja en el indicador de participación política: de 9,5 puntos en 2006 y 8,25 en 2018, cayó a 7 en 2022, aunque se mantuvo estable desde entonces.

Las elecciones celebradas en abril de este año también presentaron una anomalía importante con respecto al pasado; por primera vez un único partido obtuvo la mayoría parlamentaria necesaria para formar gobierno sin necesidad de buscar el apoyo de otras agrupaciones. PB obtuvo el 44,5% de los votos, más de 30 puntos por encima de GERB.

Ciudadanía, identidad nacional y surgimiento de extremas derechas

El derrotero electoral búlgaro sirve para graficar profundas tensiones en la sociedad que tienen sus efectos en la política doméstica y exterior. Si bien el BTI describe al Estado búlgaro como laico y secular, es innegable el rol preponderante ocupado por la Iglesia Ortodoxa a la hora de implementar reformas sociales. Los efectos de su influencia se observan en la reticencia del Estado a reconocer los derechos de las minorías sexuales y la creciente hostilidad electoral hacia la minoría turca, predominantemente islámica y blanco en el pasado de graves actos de violencia política.

La integración de la minoría turca en la política electoral de Bulgaria ha sido objeto de conflicto y tensiones. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el Estado búlgaro llevó adelante un proceso de asimilación forzada que culminó con la expulsión de 350.000 turcos en 1989. Tras la caída del régimen comunista, la minoría turca obtuvo participación parlamentaria mediante el surgimiento de partidos que representan sus intereses, como es el caso del DPS.

A pesar de su relativa integración en la política electoral, los ciudadanos turcos de Bulgaria aún deben enfrentar prejuicios históricos y brechas sociales. Sorprendentemente, este país ha obtenido la máxima calificación en el indicador que mide la Identidad Estatal de forma ininterrumpida durante dos décadas. Según el BTI, estos resultados destacan una aceptación universal de la ciudadanía y un marco secular consolidado. 

Sin embargo, es importante matizar las conclusiones de este indicador y cotejar estos resultados con los proporcionados por otros indicadores que analizan la integración cultural en Bulgaria atendiendo a sus complejidades. El indicador de Capital Social, que mide las redes de solidaridad social entre comunidades y la participación  interétnica en la protesta social, se ubicó en una constante de tan sólo 6 puntos en 2006, 2016 y 2026. 

Por otro lado, el indicador de desarrollo socioeconómico también ha mostrado un estancamiento estructural, manteniéndose en 6 puntos a lo largo de 20 años. Según el BTI, existe una fragmentación socio-espacial entre los ciudadanos cristianos (concentrados mayormente en zonas urbanas e industrializadas) y la minoría turca, que habita en su mayoría las zonas rurales y se dedica a la agricultura de subsistencia. Estás zonas suelen contar con menor infraestructura por parte del Estado, lo que dificulta el desarrollo humano pleno de la población turca. 

La hostilidad que existe en amplios sectores hacia esta minoría ha permitido el crecimiento de formaciones de extrema derecha. Por ejemplo, en las elecciones presidenciales de 2016 hizo su debut electoral el frente Patriotas Unidos, conformado por los partidos Ataka (“Ataque” en búlgaro), el Movimiento Nacional Búlgaro y el Frente Nacional para la Salvación de Bulgaria. Un año después, en las elecciones parlamentarias, este frente alcanzó el tercer lugar con cerca del 15% de los votos. Este resultado le permitió ingresar al parlamento en una posición de fortaleza y eventualmente formar parte de la coalición de gobierno encabezada por GERB entre 2017 y 2021.

La presencia de Patriotas Unidos significó una radicalización del Ejecutivo que permitió el colapso de los partidos tradicionales, el auge de fuerzas antisistema y un marcado retroceso en el acceso a derechos para mujeres y niñas. Entre sus objetivos se encontraban la asimilación cultural de la minoría turca y la reducción de su participación en la vida política. Aunque los ciudadanos turcos de Bulgaria cuentan con derechos políticos, la presencia de actores que buscan excluirlos de la discusión pública demuestra los desafíos que debe afrontar Bulgaria para garantizar el pleno ejercicio de los derechos de ciudadanía a futuro. 

La estrategia adoptada por GERB consistió en cooptar y normalizar a las fuerzas de extrema derecha para garantizar gobernabilidad a corto plazo y sumar apoyo. Pero esto tuvo importantes efectos en el control de actores no democráticos: la puntuación de Bulgaria en este indicador pasó de 7 a 5 puntos entre las ediciones de 2018 y 2026 del BTI. 

Estabilidad económica, inestabilidad política

En el período durante el cual GERB ocupó el Ejecutivo, su enfoque estuvo puesto en el crecimiento económico, la estabilidad de la inflación y la reinversión en infraestructura de fondos provistos por Bruselas. A pesar de lograr una estructura de gobernanza internacional sólida con diversos países europeos, estas reformas no tuvieron su correlato a nivel doméstico. Bulgaria cuenta con un  índice promedio de transformación económica situado en 7,5 puntos a lo largo de todas las ediciones del BTI y una disciplina fiscal constante, pero alrededor de un cuarto de la población sufre vulnerabilidad social y económica. Bulgaria obtuvo apenas 6 puntos en la última edición del BTI en el indicador que evalúa el régimen de seguridad social, una cifra que alerta sobre los desafíos crónicos que debe afrontar el Estado de Bienestar búlgaro. Al priorizar los buenos resultados en indicadores macroeconómicos, pero sin adoptar políticas destinadas a fomentar el empleo y la seguridad social, Bulgaria se ha convertido en el país con mayor desigualdad dentro de la UE, con un coeficiente de Gini de 37,7, según el último relevamiento de Eurostat. 

Bulgaria atraviesa un período de inestabilidad y debilitamiento institucional que lo convierten en una democracia defectuosa en términos del índice BTI. Durante los últimos 20 años, el BTI ha otorgado a Bulgaria una calificación promedio de 7,5 en transformación política, con puntos bajos en 2020 y 2022, cuando descendió a 6,9. En cuanto a la transformación económica, en cambio, esta dimensión se ha mantenido estable en alrededor de los 7 puntos. El puntaje más bajo se registró en la década de los 2010, cuando Bulgaria acarreaba las consecuencias de una alta inflación provocada por el crecimiento económico en la década de los 90.

No obstante, está dimensión no logra graficar otras realidades más complejas de la economía búlgara. En el indicador de educación, Bulgaria recibió apenas 6 puntos en las últimas 5 ediciones del BTI, cifra que grafica la escasa inversión en investigación, equivalente a un 0,27% del PBI, muy por debajo del promedio de la UE, y la constante fuga de cerebros hacia Europa Occidental y Estados Unidos. 

A diferencia de la transformación económica, la dimensión de gobernanza ha caído marcadamente: de 6,81 puntos en 2006, poco antes de incorporarse a la UE, pasó a 5,72 en 2026. Para atender a las demandas de la población, el actual Ejecutivo decidió impulsar una reforma judicial con el objetivo de reestructurar el Consejo Judicial Supremo y reducir la influencia de redes de poder informales. No obstante, desde el BTI se advierte que este tipo de reformas podrían tener un impacto negativo en la inestabilidad política del país, además de arrojar dudas sobre su eficacia considerando que los casos más importantes de corrupción permanecen aún sin resolver. Una supervisión legislativa deficiente y una politización persistente en el nombramiento de jueces han provocado, además, una reducción en la calificación de la separación de poderes, de 8 puntos en 2006 a 7 puntos en 2026.

En definitiva, Bulgaria se presenta como un caso paradigmático en el Este de Europa, uno más entre los países que logran resultados satisfactorios en términos macroeconómicos y que cumplen con los estándares propuestos por la UE, pero que no logran traducir la estabilidad económica en estabilidad política, confianza y satisfacción ciudadana. Por el contrario, la corrupción, la desigualdad y la discriminación a las minorías impulsan un descontento social que crece en paralelo a una inestabilidad cada vez más persistente y una democracia en retroceso.

Lucía Lago Krummer
Lucía Lago Krummer
Voluntaria
Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Belgrano (Argentina)
 
 
 

 
 
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